La Escuela Chica

LA ESCUELA “CHICA” DE CHILLAR

Portal Chillar .-

#Narración de Américo Lohín

 

LA ESCUELA NACIONAL 101

 

 

Escuela Chica
La Escuela “Chica” Nr.101 de Calle Cortázar y Pellegrini – Chillar

 

Se la conocía como la “Chica”, la “Ciento uno”, la “Nacional”(x), en contraposición a la otra Escuela, qué era la “Grande”, la “ocho”, la “Provincial”, ambas de la Localidad de Chillar. Pdo de Azul. Lo de “Chica” no era un simple eufemismo, devenía del modesto edificio, un ex-negocio y casa de familia convertido en escuela, un Salón con tabique al medio, tres habitaciones, una de ellas destinada la Dirección y una galería abierta conformaban el núcleo principal, al fondo un ex-garaje, la quinta aula, entre medio y el costado, un gran patio, con su mástil al centro.-Nacida al amparo de la Ley Lainez, como tal solo enseñaba hasta el cuarto grado. Un día de marzo de 1946,un año que sería el último en que se dictarían clase los días sábado, había llegado hasta ella en el primer día de clase de la mano de mi hermana mayor, allí me había dejado, con el guardapolvo blanco, zapatos negros y la carterita de cuero en bandolera. Me esperaba la Sra. Adelia M. de Bonora, mi primera maestra y quienes serian mis compañeros. La escuela era mixta, así cada banco era compartido por una niña y un varón. Con ellos comenzamos a hacer los primeros palotes con lápiz negro y a leer el libro “Abejitas”, en lo que entonces era el primero inferior. Más tarde llegaría la lapicera con la pluma, los borrones de tinta en el cuaderno y los lunares en el guardapolvo. Aprendimos rápidamente a entonar el “Saludo a la Bandera” con el que se izaba la bandera en el ingreso y “Mi Bandera” en el arriado y salida de clase. El aula esquinera, la mayor, era el espacio de las celebraciones Patrias, donde se practicaba el canto en conjunto. Allí se le hizo la despedida a mi Primer Directora Doña Ana M.de Actis Caporale, luego de la entronización de la Imagen de la Virgen de Lujan, bajó la galeria, bendecida en la oportunidad por el Pbro. José Carballo, la entonación del Ave María por parte de una Soprano, finalizando con una chocolateada y la entrega de un presente. Allí el Director Don Manuel Rojas supo deleitarnos con su violín. También el Salón, supo ser el epicentro de Campañas Sanitarias, donde todos recibíamos las respectivas vacunas. Vendrían los años siguientes, otras serian las maestras y otros los compañeros. Los recreos muy esperados, iniciados por los varones, con una carrera, por el patio de pedregullo, del aula hacia el paredón de la calle, tocarlo y luego en dirección al baño en la otra punta, luego los juegos, la “payana”, la “agarrada”, el “huevo podrido” .En otro sector las niñas con la “rayuela”, la “mancha” o al “gallito ciego”. El “Felipe” del recreo del medio era devorado como el más exquisito de los manjares, mientras alguna furtiva escapada a la panadería cercana a comprar la galleta de “trincha”, lo complementaba. El “orgullo” de ser Monitor, llegar temprano por la mañana, retirar el plumero y el frasco de tinta de la Dirección, limpiar los bancos, llenar los tinteros, borrar el pizarrón y proveer la tiza eran las tareas asignadas. Épocas del cuaderno único (que eran provistos por la Cooperadora y había que retirar en la Librería de Pagella) y del Billiken como único elemento de consulta, los menos podíamos contar con la Enciclopedia Kapeluz, también de competencias de Lectura y de Ortografía, del Análisis Gramatical, de la Composición, de dibujar los Mapas, el Cabildo o la Casita de Tucumán, de las Manualidades ,del Boletín de Ahorro que completábamos pegando estampillas centavo a centavo, la hora de Juegos dirigidos por la Maestra, las Competencias deportivas con la “Grande” y del “tomar parte” en los Actos patrios o de fin de Curso. Las maestras, de asistencias perfectas, cálidas y amables, firmes cuando era necesario. La escuela sigue siendo la “Chica”, el edificio es el mismo, pero su corazón se agranda, estamos en cuarto grado, es el “Año del Libertador”, nos comunican para alegría nuestra, la habilitación del quinto grado y la posibilidad de terminar el sexto grado en ella, sin necesidad de pasarnos a la “Grande”.

BoletinEl fin del sexto esta cerca, la Directora, Sra. Cira G de Zubillaga, me dice que estoy designado para leer la oración de despedida, el acto de fin de curso se avecina y con él los ensayos. Llega el atardecer de un día de Diciembre de 1952, allí estamos en el salón de la Sociedad Española, repleto de gente, prestos a tomar parte. Nos toca representar la Alegoría del Himno Nacional, con una malla pequeñita y el cuerpo todo cubierto con pasta de cobre y bronce, acompañamos a la Libertad vestida de blanco y el gorro frigio, cada uno con un emblema, unos con las rotas cadenas, otros con la maza y el yunque, los laureles, las espigas de trigo y así sucesivamente, acompañamos el Himno Nacional, entonado a capela por los presentes, dando inicio al acto. Otros números se suceden, no falta “El Rancho e ‘la Cambicha” magistralmente cantado por el más chico de los Fariña. Mientras nos preparamos para el epilogo, los recuerdos se suceden, atrás quedarán: la infinita paciencia de la Srta. Celina Herrera, la sonora cachetada de la Sra. Adelia M.de Bonora, los alborotos en el aula cuando la Maestra no está, la suplencia, en reemplazo de Chicha Da Roses y debut en el “tercero” de la Srta. María M Cousseau, única maestra local de la “101”, de  los reglazos sobre las manos de la Directora , cuando éramos enviados a la Dirección, los tirones de trenzas en la fila, los plantones bajo la galería por hablar en la fila, las peleas en el recreo, los tirones de oreja de la Sra. Aida Ávalos por hablar en clase, la desbandada a la salida, el reglazo de la Sra. Cristabelina C de Bustos (que provoca la hilaridad de la clase por romper la regla sobre mi cabeza), los regaños de muestras madres por manchar el guardapolvo con tinta, el enojo de la Srta. Sara Gassari, “¡Que miran! ¿Nunca vieron una maestra con botas de Goma?”, el estigma de quedarse después de hora a rehacer las cuentas, los campeonatos de “payana”, los rulos de la Srta. María C. Mingarro, la maestra más joven, que cortamos con la “yilé”.

Boletin ii


El “listo les toca a Uds.”, nos devuelve a la realidad. Allí estamos los primeros en completar el sexto grado en la “Chica”, formados en semicírculo sobre el escenario, esperando se levante el telón, Margarita Rodríguez, Teresa Lavín, Helena Ciancaglini, Nicolás Ciancaglini, Francisco Largo, Jorge Frisorger, Enrique París, entre los que mi memoria recuerda y quien esto escribe, dispuesto a leer la oración de despedida, se levanta el telón, el salón colmado a la vista y con el “Escuelita nos vamos” recitado con voz potente, reseñando nuestro paso y nuestro agradecimiento por todo lo vivido y recibido en los siete años en que la Escuela “Chica” nos albergó. Cae el telón, abrazos, besos, despedidas y nos vamos ,pero siempre con el recuerdo de la Escuela N° 101 “Domingo Sarmiento”, hoy desaparecida, pero que sigue estando en nuestros corazones junto al recuerdo de las abnegadas Maestras que con su infinita bondad y  por sobre todo amor, nos enseñaron a conducirnos por el largo camino de la vida.-
(x):La Escuela se inaugura en 1920 bajo la dirección de la Sra. Petrona M de Damandray, la sucede la Sra. María Inés R.de Becerra el 23 de agosto de 1922 ,permanece hasta 1929 cuando se hace cargo de la Dirección  la Sra. Ana M.de Actis Caporale hasta su retiro 20 años más tarde, tras un breve interinato del Sr Manuel Rojas asume la Sra. Cira G. de Zubillaga.

Tercero 101
Tercer Grado año 1950. Extremo Derecho la Directora Sra. de Zubillaga
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Acto de Despedida a la Sra. Ana M. de Actis Caporale y Entronización Imagen de la Virgen de Lujan. De Izq. a Der. Nora Ferro, Sasy Provasi y Conrado Hiriart – 1ro Superior 1948.

 

Fuente: Américo Lohín


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