Antiguas carreras de automóviles en Chillar

Antiguas Carreras de autos en Chillar

Portal Chillar .- 7 marzo 2014

#Narración de Américo Lohín

 

Antiguas carreras de

automóviles en Chillar


Nico

Catanga de Titina Zabalza

 

El 29 de enero de 1886, Karl Benz solicitó en Mannheim(Alemania) la patente del que se considera el primer automóvil de la historia que, con un peso de 256 Kg. desarrollaba una velocidad máxima de 16 Km. por hora, como las autoridades desconfiaban de las bondades del nuevo invento, limitaron su velocidad de circulación a 8 Km. por hora. Por hora (velocidad inferior a la de cualquier vehículo de tracción a sangre). Dispuesto a modificar esa situación Karl Benz, no tuvo mejor idea que invitar al Alcalde para realizar un recorrido por la Ciudad para mostrarle las bondades del invento. Conocedor de la psicología humana, Benz le dio unos marcos a un cochero dándole instrucciones para que al momento en que emprendiera el paseo en su automóvil junto al alcalde viniera desde atrás y se adelantara lo más rápidamente posible. Al momento de producirse el adelantamiento, el Alcalde reaccionó tal como Benz lo había previsto.”¡No se deje adelantar, no lo permita!” le dice el Alcalde, “No puedo hacerlo, responde Benz, pues ello violaría el reglamento de Tránsito. Con este simple artilugio y una carrera simulada Benz consiguió que el Alcalde modificara la velocidad máxima permitida para la circulación de automóviles.

En nuestro país la primera competencia automovilística tuvo lugar el sábado 16 de noviembre de 1901, en el Hipódromo Argentino situado en Belgrano en la ciudad de Buenos Aires. Se trato de una actividad de beneficencia organizada por la Sociedad Damas de Caridad en beneficio de un asilo de ancianos.

A partir de ese hito el número de competencias automovilísticas se acrecentaría y se expandiría en la medida en que se incrementaba el parque automotor en todo el ámbito geográfico de nuestro país. Chillar no sería ajeno a ello, si bien no hay datos precisos de cuando se celebró la primera carrera, se sabe que se realizaron varias en la década del 30, se trataba de competencias entre automóviles sin preparación especial alguna, básicamente los Ford modelo “T”, “ a bigotes” en alusión a las palancas de avance del encendido y aceleración ubicadas a cada lado del volante, descapotables, de allí surgió el dicho “A ochenta y capota baja”, que indicaba la velocidad y disposición de la capota, con arranque a manija, y en marcha expulsaba vapor por su radiador lo cual a lo lejos lo asemejaba a una locomotora a vapor en pequeña escala.

El circuito utilizado estaba conformado por la actual Avda. Barrere, el camino de tierra (continuación de la Calle Sarmiento) subiendo hasta su intersección con la Ruta 3 regresando por ésta hasta retomar nuevamente la Avda. Barrere. La largada se hacía frente al Hotel Internacional, se tomaba el camino de tierra y se regresaba por la Ruta 3. Esta, en bajada, incrementaba la velocidad de los autos, provocando en algún caso la perdida de alguna rueda, que en una oportunidad, recordaban los memoriosos, la rueda hizo todo el recorrido de la bajada en perfecta línea recta hasta impactar en la puerta de ingreso del Bar “El Descanso”, sin mayores consecuencias, salvo el susto.

 

Ragher

Ragher y su escudería

La Segunda Guerra Mundial le pondría un paréntesis prologando a la actividad que posteriormente se retomaría con los Ford “T” semi preparados. A comienzos de los 50 Juan Silvagni tendría el suyo de su propia hechura y preparación, Titina Zabalza preparado por Pocholo Cristino y Leandro Ragher, secundado por Alfredo Melchior y Pedro Barriola el restante, completando el parque de tres unidades, que a falta de un circuito en la localidad competían en las localidades vecinas (Juárez, Azul, Olavarría, etc.).

Pronto surgió la inquietud de construir un circuito, ubicándose su trazado frente a la curva de la Ruta 3 ubicada sobre la loma (yendo hacia Azul sobre la mano derecha). Luis Fani, el sodero, a bordo de una moto niveladora fue el encargado de darle forma, sobre un suelo de tierra y arena. Ello posibilitó la realización de competencias con la presencia de corredores de las localidades vecinas, algunos de renombre como Pascuali de Juárez o Castaño de Azul, el segundo por esos años era un claro dominador de la categoría. La primera carrera incluyó una serie para los Ford T sin preparación, que muchos utilizaban en sus actividades particulares cotidianas, descapotados, con capota, carrozados, otros convertidos en camionetas, terminaron por conformar un espectáculo sin igual, como la largada era tipo Le Mans, en la semana previa se los pudo ver entrenándose en poner los vehículos a punto para que arranquen con media vuelta de manija, lo mismo volvieron a repetir en los momentos previos a la carrera.

Alineados de un lado la media de docena de autos en forma perpendicular a la pista y en el lado opuesto la fila de conductores y acompañantes, atentos a la orden de partida para salir a la carrera a ponerlos en marcha y partir, sucedió lo imprevisto, quizá por el apuro o los nervios, a pesar de los manijazos los motores se negaron a ponerse en marcha, lo que le dio un poco de dramatismo a la largada y la hizo más interesante que la carrera en sí. De pronto, como por arte de magia, los motores se ponen en marcha casi al unísono y se inicia la carrera sin mayores contratiempos hasta que un inesperado vuelco vuelve a poner cierta dosis de dramatismo, que pronto se trastoca en tragicomedia, el auto esta con las cuatro ruedas arriba y tanto el chofer como el acompañante, ilesos, cada uno tratando de levantar el auto de su lado para poder salir, sin darse cuenta que sus esfuerzos se contrarrestaban entre sí. Luego fue el turno de los semi preparados con sus series, el repechaje y la final, con el previsible Castaño, como dominador y ganador absoluto. Mientras los locales con suerte diversa, debieron conformarse con lo que les toco en suerte , Juan Silvagni ,como era habitual en él ,se conformó con dar la vuelta, Ragher luego de varias vueltas de prueba prometedoras no pudo largar por un problema de ultimo momento, su lamento junto al de sus colaboradores en la preparación era que por segunda vez (la anterior lo había sido en Olavarría) “habían perdido puntos”, ante sus medias naranjas allí presentes, quedaba el tercero que tuvo una performance dentro de lo esperado. Primero y segundo debieron someterse a la revisión Técnica, tarea a cargo de Pedro Barriola que se llevó a cabo en el entonces Taller “San Cristóbal” (Luego Taller Luciano) propietario del mismo junto a Alfredo Melchior. Hubo premios para todos, hasta el último que recibió una Linterna con la leyenda,”Para que te alumbres por si llegas de noche”.

Taller de Pocholo

Pocholo Cristino (a la Izq.) sobre el auto de Titina Zabalza
En el centro, de sombrero, el padre de Pocholo

Fuente: Américo Lohín


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